REFLEXIÓN SOBRE EL ACCIDENTE FERROVIARIO EN RELACIÓN A INFRAESTRUCTURAS DEL ARTE.
Para desarrollar las instalaciones ferroviarias como infraestructuras del arte es necesario realizar una “inversión infraestructural”. Esto implica dejar de ver el ferrocarril solo como un medio de transporte para entenderlo como un ensamblaje sociotécnico que organiza el tiempo, el espacio y la visibilidad de lo que consideramos artístico.
Uno de los métodos más efectivos para realizar esta “inversión” es a través del error o el accidente. Mientras algo funciona bien, es invisible; cuando falla, su estructura se hace evidente de forma estrepitosa.
Esto también implica entender que las infraestructuras no son solo redes de cables, sino procesos de in-formación de nuestras vidas. En este sentido, la infraestructura ferroviaria puede entenderse como un “stack”: una megaestructura de capas superpuestas donde lo físico, los rieles y estaciones, se entrelazan con capas informacionales y protocolos logísticos que operan en segundo plano. Al igual que en el arte contemporáneo, este “stack” ferroviario funciona como una plataforma que media nuestra experiencia del espacio y el tiempo, a menudo de forma opaca hasta que ocurre una interrupción.
Las estaciones y vías dependen de un mantenimiento constante que suele ser invisible para el pasajero. Una infraestructura del arte ferroviaria pondría el foco en este trasfondo, convirtiendo el acto de mantener la red en una performance administrativa, similar a los múltiples roles burocráticos que asumió Marcel Broodthaers en su museo ficticio.
Según Star, la infraestructura solo se hace presente cuando falla. Un accidente ferroviario rompe la transparencia del sistema y obliga a mirar los mecanismos ocluidos (vías rotas, protocolos fallidos, responsabilidades técnicas). El accidente “trae todo al frente” y se entiende bajo el concepto de Elsaesser: sistemas que operan al borde del colapso para obtener eficiencia. El accidente revela que la infraestructura del arte ferroviaria es, en realidad, un “equilibrio bello justo antes de romperse”.
Tal como sucedió con la Sala Municipal de Diyarbakir o el Centro Cultural de Suruç, un fallo sistémico o conflicto (el accidente extremo) puede transformar la infraestructura de un lugar de “representación” a un lugar de acogida o refugio. El accidente ferroviario convierte las vías del tren en un hospital de campaña y un lugar de terror inédito que deja huella en la historia.
DEP a las víctimas de este terrorífico accidente. Esperemos tomar consciencia de lo sucedido y que no nos vuelva a ocurrir.
Krys Arnanz